miércoles, 18 de mayo de 2011

Asesinatos sin clase


Agatha Christie resucitó una vez más en el Teatro Principal de Zaragoza para traer su mezcolanza de asesinatos y suspense. Las luces permanecían apagadas y apenas se oían murmullos entre los asistentes que, expectantes como yo, aguardaban el comienzo de la obra. La única iluminación provenía de los móviles de aquellos que se apresuraban a apagarlos. Demasiada tensión para el espectáculo que se desarrolló a continuación.

La representación de los actores fue bastante buena y heroica; buena porque, aunque no merezcan un premio por ello, sabían lo que hacían y cómo hacerlo, y heroica porque lo hicieron para intentar salvar una de las obras más sobrevaloradas de la historia. Christie triunfó en la literatura, sino por calidad, al menos sí por cantidad: ochenta novelas donde cientos de personajes morían continuamente. Si no estiraban la pata tres personas antes del desayuno, la mañana de Agatha no estaba completa. Lástima que decidiese escapar de la literatura y pasar al teatro.

Suspense, pero no mucho. Comicidad, aunque sólo risas cortas, ninguna carcajada. Miedo, mas no suficiente para que los niños apretasen las manos de sus padres. Se trata de una obra que intenta conseguirlo todo y se queda a medio camino, con un argumento que promete mucho y acaba sin ofrecerlo, como un político bien entrenado.

La representación comenzó tranquila, como en casi todas las obras de Agatha Christie, con la presentación de una alta cantidad de personajes muy peculiares que se quedan atrapados en un hotel en medio de una tormenta. No hay espacio para la gente normal en sus asesinatos. Los espectadores, que llenábamos la sala, observábamos y tomábamos notas de cada uno de ellos, apuntes que luego se intercambiarían en el descanso con el tópico conversacional de “¿Quién crees tú que es el asesino?”.

La expectación se mantuvo en un ambiente entretenido, con alguna risa general del público cada tanto, generalmente gracias a Paravicini, un personaje un tanto excéntrico interpretado por Paco Churruca. El resto de actores cumplieron con su cometido y consiguieron representar la obra y mantener atentos a los asistentes. Una forma como cualquier otra de pasar el rato. De haber salido cinco minutos antes del final, quizá estaría ahora mismo alabando el guión. Lástima que no fuese así, y que por intentar conseguir un final tan inesperado, Agatha acabase produciendo uno que parece sacado de la chistera de un mago.

Fue un homenaje a una de las grandes, que después de arrasar con sus novelas saltó al teatro y probablemente nadie criticó como debería (valiente hay que ser para criticar a un consagrado). Para resucitar así, mejor que se quede donde estaba.

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